Mi historia

Mario Ruiz


Mi nombre es Mario Ruiz. Nací el 6 de julio de 1983 en la Clínica las Peñitas de Sincelejo, y mi primer año de vida lo viví en el barrio las Margaritas -callejón Corea-. Fue en el barrio Florencia donde di mis primeros pasos -fuimos de las primeras familias en llegar- y sigo caminándolo.

Mi papá nació en Magangué (Bolívar) y mi mamá en Chinú (Córdoba). Ambos han vivido más de 40 años en Sincelejo. Mi papá, Mario Ruiz, fue profesor durante 33 años en el Colegio Simón Araújo de Sincelejo y mi mamá, Denia Soto, es una orgullosa ama de casa. Soy el mayor de 4 hijos, 2 mujeres y 2 hombres. He tenido la fortuna de aprender de Carolina, Mario Andrés y Valentina. Para los curiosos, hay tres Mario en la casa.

La presencia de mi hermana Valentina a la familia agregó otro ingrediente: aprender en medio de la diferencia. Desde que Valentina nació, nuestra vida giró 180 grados. Mis padres nos enseñaron los valores necesarios para enfrentar dificultades. Soy un eterno optimista.

Me gradué de bachillerato en el Liceo Panamericano Campestre. Mi sueño desde el colegio era trabajar en las Naciones Unidas. Luego de buena cuota de esfuerzo, 12 años más tarde lo habría logrado. En el colegio, mis amigos no querían incluirme en los equipos de fútbol. Les confieso que no fui tan buen jugador. Sin embargo, encontré mi afición en el baloncesto. Fui un excesivo jugador aficionado de las canchas del barrio Las Margaritas y Mochila en Sincelejo.

Empecé a estudiar Gobierno y Relaciones Internacionales en la Universidad Externado de Colombia. Lo hice con crédito del ICETEX. De hecho, mis hermanos y yo nos sostuvimos con el salario de mi papá y la disciplina de mi mamá. En esa época, me convertí en líder estudiantil de la facultad y siempre defendimos que la educación es para despertar la curiosidad. La educación es libertad. Fue una escuela maravillosa compartiendo con los profesores y el entonces rector de la Universidad, Fernando Hinestrosa, uno de mis maestros.



DE LA FORMA COMO HACES CAMPAÑA,
GOBIERNAS UNA CIUDAD.


 

La mayor parte de mi vida laboral estuve vinculado a la cooperación internacional apoyando al sector público y sobre todo a organizaciones juveniles y de mujeres. Dediqué más de 10 años a esta causa. En el Instituto Republicano Internacional-IRI, una ONG de cooperación, apoyé a Gobernaciones y Alcaldías en la implementación de programas transparencia y atención al ciudadano. No es fácil impulsar iniciativas de lucha contra la corrupción sin voluntad política, por eso debemos votar bien.

Mientras impulsaba estos programas, la Universidad Externado me permitió ser profesor asistente de dos materias: relaciones internacionales y métodos de análisis de políticas públicas. En 2012, fui profesor titular de esta última materia. Debo confesarles que ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, y sueño con regresar a las aulas en un futuro.

Posteriormente, ingresé a la ONU. Desde el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo -PNUD trabajé en iniciativas de fortalecimiento democrático. Parte de mi labor fue impulsar liderazgos juveniles, de mujeres y comunales. Llevamos a cabo, escuelas de formación política y de gestión de lo público en una buena parte del país. Me ha quedado en mi corazón ese entusiamo extraordinario de mujeres lideresas y jóvenes que quieren mejorar la política. Para mi no hay debate. Yo, apoyo la paridad. Necesitamos representación de 50% mujeres y 50% hombres en las decisiones públicas y privadas.



En este contexto de fortalecer la democracia, apoyé la elaboración o el impulso de varios proyectos de ley. Dos de éstos, si pasaron el examen en el Congreso: i) la ley 1885 de 2018, que reglamenta los consejos de juventud y ii) el Estatuto de la Oposición Política. Éste último obedeció al compromiso personal y profesional de acompañar el proceso de paz.

El PNUD fue una muy buena escuela. Los últimos dos años en la organización los dediqué a conocer la agenda 2030 contenida en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Dicha agenda contiene la superación de problemas en materia social; reducir desigualdades (incluida la de género); el crecimiento económico incluyente y sostenible e instituciones sólidas. Si lo leyera por primera vez diría que es lo que Sincelejo necesita.


En medio de todo esto, me gradué como Especialista en Marketing Político y Estrategia de Campañas en la Universidad Externado. Estoy en vísperas de buscar el título de Magister en Gobierno y Políticas Públicas. Entre 2018 y 2019, fui columnista del diario virtual La Razón. Espero que algún día me vuelvan a abrir sus puertas para seguir aportándole al Caribe colombiano.

Soy un sincelejano, sucreño y Caribe que se hizo a pulso. Salí de la ciudad por un tiempo a buscar oportunidades y regresar para aportarle con mi experiencia. Quiero poner mi grano de arena para darle a Sincelejo opciones que mejoren las condiciones de vida de la gente. Debemos empezar por decirle a no más a los mismos de siempre. Estoy seguro que si todos ponemos de nuestra parte, cambiaremos la realidad. ¡Rescatemos Sincelejo!

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