¿Estás vendiendo bien tu voto?

Abraham Lincoln decía “una papeleta de voto es más fuerte que una bala de fusil”. En efecto es así. Hoy, 36 millones de colombianos y colombianas podemos votar el próximo 11 de marzo para elegir el Congreso del período 2018-2022. Algunas personas dirán que las elecciones presidenciales serán más importantes, y no faltarán razones. Sin embargo, quiero demostrarles que votar para Congreso es tan importante como para las presidenciales. Para ello, haré una reflexión sobre lo que nos cuesta si dejamos de votar o no votamos de manera consciente y responsable. Antes de esto, los invito a reflexionar sobre los resultados las elecciones pasadas en 2014.

Miremos las cifras. En 2014, 14 millones de colombianos y colombianas -de 32 millones habilitados- votamos a Congreso, es decir, solo 4 de cada 10 colombianos acudimos a las urnas. De haber votado el resto de los potenciales electores, otros podrían ser los nombres de los actuales congresistas y cambiar directamente las fuerzas políticas de hoy. Permítanme enfatizarlo: 18 millones de personas dejaron de acudir a las urnas. Si estas personas tomaran la decisión de ir a votar, se reduce el costo de las campañas políticas y haría a quienes compran votos, un negocio casi imposible de pagar. ¿Han considerado la idea de que algunos políticos le apuestan a que no todos votemos?

Mirémoslo desde otro punto de vista. En 2014, los votos nulos fueron la quinta fuerza política en el Senado (1.485.567) y la tercera en la Cámara de Representantes (1.750.071). Esto puede obedecer a la complejidad del sistema electoral. Pero no deja de sorprender el número de electores que fueron a su puesto electoral y aun así, su voto no llegó a ningún candidato/a.

Ahora vayamos al debate. Para ello, debemos analizarlo frente a lo que hace el Congreso, principalmente en dos puntos de vista: 1) leyes y 2) control político. ¿Qué significa esto? A través de las leyes, el Congreso discute y aprueba el Plan Nacional de Desarrollo, donde se incluyen los proyectos estratégicos para el desarrollo de los departamentos y municipios del país. Así como aprueba los presupuestos anuales donde están los recursos de educación, salud, la infraestructura, cultura y deporte, etc. ¿Sabías que el presupuesto General de la Nación para 2018 es de 235 billones de pesos? Este monto equivale a 33 reformas tributarias de 2017 (7 billones). Podemos decirlo de otra manera: con este dinero podemos cubrir en un año la deuda de pensiones (y con esto evitamos una reforma); financiar la educación de 9 millones de niños en un año; atender la deuda externa de 2018; invertir en las vías de Cuarta que necesita el país; cubrir dos veces la deuda de salud y contar con hasta casi tres líneas del metro de Bogotá. Pues bien, es el Congreso que decide este monto y a donde se dirige.

El Congreso por medio de la ley, puede decidir quiénes declaran renta o no; aumentar o bajar el IVA; a qué edad te jubilas; puede definir los salarios de los servidores públicos; aumentar las becas de créditos educativos; reducir los intereses del ICETEX; reducir los costos financieros; aumentar subsidios a los pequeños agricultores; mejorar la alimentación escolar; reducir los costos de la gasolina; aumentar el período maternidad y paternidad; define el nivel de impuesto de bebidas y licores; impulsar la educación pública; entre muchas otras cosas. Todo esto lo hace el Congreso y tiene que ver con nuestro día a día.

Por su parte, el control político también es importante. A través de éste, puede corregirse los errores de una política pública; denunciar excesos del Gobierno e incluso destapar escándalos de corrupción. El control político es forma de detectar lo que el Gobierno Nacional no está viendo cuando diseña e implementa una política. Estos debates dependen de las bancadas, que se conforman con los congresistas que usted elige.

                Esto me lleva a otro punto. Si le prometen en estas elecciones un candidato o candidata al Congreso, que van a construir carreteras o entregar subsidios, preste más atención porque está escuchando una mentira. 

Modificar nuestra realidad depende de nosotros. Nuestro punto de partida es salir a votar, y para ello debemos informarnos de las propuestas de los/las candidatos/as. En tu voto está la posibilidad o no que salga una nueva reforma tributaria; que nos otorguen más créditos para la educación; que más niños cuenten con su alimentación escolar, solo por mencionar algunas cosas. Y si al final de estudiar las opciones, no le gusta ningún candidato, el voto en blanco es una muestra de su descontento. El próximo 11 de marzo en sus manos está no solo elegir el próximo Congreso sino la definición del presupuesto del cuatrienio 2019-2023 equivalente (a hoy) a nada más y nada menos que a 132 reformas tributarias. Vender el voto es un mal negocio.

 

Mario Ruiz Soto

Profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales

Universidad Externado de Colombia

Twitter @marioruizsoto 

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